viernes, 29 de junio de 2007

“Los hijos de la Feria” o “El acostón de abril y la cuesta de enero”


Una y otra vez he visto a la gente doblarse como un lánguido espárrago hervido ante el amargo conformismo. Nos tienen justo donde nos quieren. En todo momento y a todas horas los medios de comunicación masiva nos están dictando las bases del cómo debemos ser y del cómo debemos actuar. Lo que debe gustarnos si queremos ser cool y lo que debemos evitar a toda costa para evitar ser calificados como ‘ñoños’. No sé cómo lo hacen, pero lo logran. Hay gente que asegura no poder vivir sin ir un fin de semana al antro, o sin su celular y sin su Messenger. Pero llama la atención el caso del antro en específico, el cual se tiene como algo divertidísimo.

OK, contextualicemos: llegas a las puertas del antro de moda, si es en época de feria mucho mejor, no hay filas, sólo tumultos agolpándose en la entrada. En la puerta de la entrada hay un tipo o varios que deciden quién entra y quién no. Todos los que esperan están dispuestos a tal humillación con tal de que en algún momento el gorila de la entrada decida quitar la cadena y darles el pase a ese mundo mágico de sueños e ilusiones. Una vez adentro no puede haber lugar que sea más estimulante intelectualmente hablando: música que roza en el límite de decibeles permitidos por el oído humano, bebidas alcohólicas dispuestas a aniquilar cuantas neuronas sea posible, humo de cigarro concentrándose en los pulmones privando de sangre al cerebro, pláticas a gritos con el estribillo: “qué onda weeeyyy” para los saludos (esto aplica incluso para los que se dicen ‘rockeros’ o ‘rockeras’).

Sé lo que muchos habrán pensado ya, que los antros son para ir a divertirse y no para estimular el intelecto, que para eso están la escuela o la biblioteca. Y estoy de acuerdo, pero a eso hay que añadir que durante la mitad de la semana el cerebro está en un proceso de rememorar lo vivido el viernes y sábado y tratar de recuperar sus niveles normales de agua y sangre devastados por el alcohol, y la otra mitad de la semana se va en maldecir a la escuela deseando que sea viernes cuanto antes. Pero volviendo al antro, sin duda debe ser uno de esos que exhiben desde la entrada un letrero de: “mujeres no cover”. Esta es una de las mejores armas publicitarias que he visto en mi vida, además de la famosa “barra libre”. Mujeres gratis significa mujeres por montón, mujeres por montón significa hombres económicamente activos deseosos de conocer mujeres. Estos a su vez tendrán que pagar el famoso cover que por lo general equivale a dos personas, y que en temporada abrileña es elevado a niveles de verdadero crimen.

El tipo tendrá que invitarle un copita a alguna de las nada interesadas chavas para poder sacarle plática, la muchacha desde luego nada pendeja aceptará acaso con un gestillo de “OK la acepto pero no cantes victoria”. El calenturiento mancebo tendrá que invertir en un par de tragos más para lograr la simpatía de la chica, pero si la muchacha se pone medio rejega tendrá que de plano impresionarla y verse muy espléndido hasta que, o la jovenzuela se emborrache o el joven gaste lo de su taxi de regreso con tal de complacer a su pretendida (o ambas cosas). Este caso puede ser multiplicado varias veces por el número de chavos que intentan hacer lo mismo con un bajísimo porcentaje de éxito, traducción: el muchacho vacia sus bolsillos y no obtiene a cambio ni un fajecín ni un teléfono, e-mail y a veces ni siquiera el nombre real de la chavita en cuestión.

Por el contrario, la muchacha llegará temprano a su casa (las cinco de la mañana es demasiado temprano) es decir, varias horas más tarde de lo que le permitieron sus padres, masticando un chicle con la idea de que eso hará menos evidente su rampante estado de ebriedad (como si no fuera suficiente verla llegar hinchada, tambaleándose al caminar y escuchar sus lamentables vómitos minutos después de su llegada) emanando tufo alcohólico por los poros y buscando en medio de su borrosa y oscilante casa alguien que pudiera descubrirla (generalmente su madre).
Y ante esta realidad me pregunto si en verdad es divertido entregarse al sin sentido. Tal vez todo lo anterior no sea más que una trampa tendida en la cual caemos redonditos y sin queja.

Eso claro, sin mencionar a las múltiples tribus de cholos que se enajenan (sí, más de lo normal y sí, es posible) encargándose de llevar a las hermosas, delicadas y femeninas cholas a 'lo oscurito', llenando la faz de este planeta de productivísimos cholos, que para nada están de sobra, que no contaminan nuestras calles, que no son una verdadera amenaza, que no estropean la raza y que seguramente no conocen el significado de la palabra 'sarcasmo'.

Gracias al gobierno panista y, desde luego, a nuestro flamante gober, la Feria Nacional de San Marcos del merito Aguascalientes dura ya un mes entero, primero con la promesa de la ausencia de alcohol en su última semana (¡ja!) y después con los ríos del mismo a lo largo de las cuatro semanas. Cientos de historias como las mencionadas se repetieron a lo largo de un mes, ya veremos cuántas sorpresitas llegan en enero...

¡Qué asco!






Alguna vez, mientras observaba un hilo de baba que pendía de la boca de una persona con parálisis cerebral, sentí asco. Casi de inmediato me asaltó el sentimiento de culpa, pues él no podía controlar dicha situación, lo cual me llevó casi al instante a una reflexión: Aún si pudiera controlar dicha acción, ¿sería justificado mi asco? La saliva humana es un líquido de la cavidad bucal, producido por las glándulas salivales, transparente, de viscosidad variable, compuesto principalmente por agua, sales minerales y algunas proteínas.
Tiene como función mantener el pH a 6.5, da protección al esmalte funcionando como defensa, lubricante y regulando el pH, favorece la mineralización, ayuda a la digestión, es importante en la expresión oral, mantiene el equilibrio hídrico, neutraliza el medio ácido producido tras las comidas. Así que la pregunta es ¿por qué me resultó asquerosa la saliva? A fin de cuentas es algo que forma parte del cuerpo humano desde que nacemos hasta que morimos y, lejos de ser algo perjudicial o dañino, cubre funciones básicas de la vida.

Y la situación no se detiene con la saliva, tenemos las flemas, las lagañas, los mocos, la orina, la mierda, nuestras vísceras, el vómito y muchísimos olores que encontramos nauseabundos.
Muchos dirán que la mierda es asquerosa porque lo es y punto, sin lugar a dudas. ¿En verdad lo es? ¿Qué tiene de asquerosa? Son los restos de los alimentos no absorbidos por el tubo digestivo (como fibras y otros componentes que no son útiles para el ser en cuestión) así como células del epitelio intestinal que son descamadas en el proceso de absorción de nutrientes, microorganismos, así como otras sustancias que no son capaces de atravesar el epitelio intestinal. Es decir, es algo que comimos muy gustosos, sólo que algunas horas después y tras haber atravesado nuestro cuerpo ¿Acaso nuestro cuerpo es asqueroso? Muchos me dirán: pero es que la caca puede provocar infecciones y enfermedades. ¿Cómo negarlo? Pero, ¿no las producen también cualquier materia orgánica descompuesta? Y miren que para que la caca provoque eso también requiere de un tiempo en el cual se comience a descomponer.

Ahora dirán: es que huele feo. ¿Es eso cierto? No. Nosotros pensamos que huele feo y cualquier olor parecido a la caca (como los pedos) nos resultará asqueroso por la simple razón de que desde que éramos niños (incluso antes de tener conciencia) veíamos a toda la gente hacer gestos de asco ante la caca (incluida la propia en el tradicional cambio de pañal), ¿por qué cuando éramos bebés no le hacíamos mala cara? He llegado a ver a bebés que agarran su propia mierda y se la llevan a la boca sin ningún reparo. Es decir, no es asquerosa per sè, sino por todo lo que vimos y aprendimos durante la infancia. Ya para dejar en paz a la mierda, si ésta o su olor fueran realmente asquerosos, ¿por qué los perros son capaces (y aficionados) de olerse el trasero entre ellos u oler caca tirada en el suelo? Con todo y que tienen un olfato mucho más fino que el nuestro.

Es cierto que vivimos en una cultura de Asco al Desecho, por lo tanto, todo desecho de nuestro cuerpo será asqueroso (excepto el cabello, las uñas no cuentan como desecho). Y se crean infinidad de mitos alrededor de ellos, el principal es el de darles ese poder patógeno instantáneo que nos hace evitar el contacto con casi cualquier desecho humano, especialmente si ha sido liberado vía genital.

La orina, por ejemplo, es un líquido acuoso transparente y amarillento, de olor característico, excretado por los riñones y eliminado al exterior por el aparato urinario. En los hombres por el pene, en las mujeres por la vagina. Después de la producción de orina por los riñones, ésta recorre los uréteres hasta la vejiga urinaria donde se almacena y después es expulsada al exterior del cuerpo a través de la uretra, mediante la micción. El ser humano elimina aproximadamente 1,4 litros de orina al día. Cerca de la mitad de los sólidos que contiene son urea, el principal producto de degradación del metabolismo de las proteínas. El resto incluye sodio, cloro, amonio, creatinina, ácido úrico y bicarbonato. La orina puede ayudar al diagnóstico de varias enfermedades mediante el análisis de orina o el urocultivo.

Continuará....

jueves, 28 de junio de 2007

Basta de eufemismos!!! Digo, de palabras elegantes en capacidad de sustitución.


Iba a escribir algo sobre lo ridículo que resulta el uso de 'eufemismos', pero cuando trataba de documentarme al respecto, me encontré un artículo que dice casi, casi, lo que yo quería expresar, sobre todo lo referente a las "personas con capacidades diferentes". Así que para no aparentar un plagio, mejor les comparto la columna que me encontré.
La escribió Rolando Villafuerte Aguilar, chiapaneco. Se titula "Eufemismos, para disfrazar la realidad". Y lo más triste, la escribió en el 2004.

El eufemismo es el lenguaje de los hipócritas. En vez
de llamarle al pan, pan y al vino, vino; en vez de
hablar con claridad y precisión, hoy impera, entre
ellos. la moda del circunloquio y de la perífrasis.
Tiempos anacrónicos, son, hoy, hoy, hoy, los de
exigir, en materia de lenguaje, cuentas claras y
chocolate espeso. Ahora, con el propósito de no
lastimar a nadie, ni con el pétalo de una rosa, se
utilizan palabras que, en verdad, no descalabran
ninguna susceptibilidad, pero que disfrazan
convenientemente nuestra realidad. En la consecución
de ese propósito lo esencial es darle vueltas al
asunto y tapar la verdad bajo el velo de palabras
romas, chatas, inexactas. Se pierde precisión; pero se
evitan palabras de mal gusto, inoportunas o
malsonantes. Se habla, o se escribe, con corrección
política; pero se extravía fidelidad. La costumbre de
adulterar idiomáticamente nuestra realidad, es
reciente. Se remonta a la década de los setenta, del
siglo próximo pasado. A los Estados Unidos corresponde
la paternidad del maquillaje verbal, recién utilizado.
A la sazón, allá, comenzó la costumbre de abogar por
una actitud tolerante y respetuosa hacia los
integrantes de las llamadas minorías, fundamentalmente
de negros y de homosexuales. En el afán de no
ofenderlos, los nombres para designarlos se
rebautizaron. Así, los primeros, de negros pasaron a
ser denominados hombres de color. Los segundos se
nombraron gays. El sentir de los receptores de tales
denominaciones no importó. Si un negro, orgulloso de
su raza, se atrevía a alegar: “Soy negro”, la
respuesta de sus anónimos defensores lo dejaba
atónito: eras, ahora eres “hombre de color”. “Soy
maricón con acento en la o”, se atrevía a vociferar un
reconocido mampo. Eras; “ahora eres gay”, le
respondían sus gratuitos defensores. Pronto, los
gordos pasaron a ser “personas de imagen corporal
alternativa” y calvo se convirtió en “persona con
síndrome alopécico, crónico y degenerativo”. Los
ciegos se transformaron en invidentes; en seguida, en
"personas con capacidad visual reducida” y,
posteriormente, en “seres humanos con dificultades
para ver la luz del sol”. Ciego, según el diccionario,
es el privado de la vista. ¿Por qué no llamarlo así?
¿En donde está el insulto o la discriminación? Quien
no oye bien es sordo y así debe llamarse; sin embargo,
para que su identificación no resulte peyorativa habrá
que denominarle “persona con problemas auditivos”.
Prohibido referirse a los limosneros o mendigos en
esos términos. Son “ciudadanos extracomunitarios”. Si
quienes mendigan son niños, hay que identificarlos
como “niños de la calle” o “menores en circunstancias
extraordinarias”. Pobres, son las “personas de clases
desfavorecidas”. Cojo, manco, bizco, mongólico, son
“gente con capacidades diferentes”, como si fueran
capaces de volar al igual que Superman o de expeler
tela de araña como Spiderman. Para no herir
susceptibilidades debemos acostumbrarnos a llamar las
cosas por su nuevo nombre: “pequeños”, a los enanos;
“indígenas” o “americanos nativos”, a los indios;
“adultos en plenitud”, a los viejos y viejas. ¿En
plenitud de qué? No puede ser en plenitud física,
evidentemente. Tal vez debe ser en plenitud de
achaques. Llamarles viejos no tiene nada de malo.
Viejo es la persona de mucha edad que está en los
últimos años de su vida, que alguna vez tendrá que
morir por haber nacido antes que otros que ahora son
maduros o jóvenes o adolescentes o niños. Imagínese a
Piero, interpretar la canción “Mi adulto en plenitud”:
“Es un buen tipo mi adulto en plenitud, que anda solo
y esperando, tiene la tristeza larga, de tanto venir
andando. Yo lo miro desde lejos, pero somos tan
distintos, es que creció con el siglo, con tranvía y
vino tinto”. El término “adultos en plenitud”, antes
fue tercera edad, y mucho antes, senectud. De lo
anterior se sigue que, hablar con eufemismos, es
disfrazar la realidad, disimularla. Para Fox, los
ambulantes, vendedores de toda clase de baratijas, son
“microempresarios”. Algunas bandas terroristas se
hacen llamar “ejércitos de liberación”. Las cárceles
han mutado en “centros de readaptación social”.
“Plumas taxi”, se dice de algunos columnistas, por
aquello de que son de alquiler, sin ruta fija. “Hacer
el amor” o “echar pasión” significan fornicar. Si
siguen así las cosas, los padres de familia del futuro
platicarán a sus hijos el cuento de “Blanca Nieves y
los Siete discapacitados”, y los profesores de
literatura se referirán a Cervantes no como al Manco
de Lepanto, sino como al escritor con capacidades
diferentes, autor del Ingenioso Hidalgo Don Quijote De
La Mancha. Para no denostar a la sirvientas habrá que
llamarlas “asesoras del hogar”. El colmo llegará
cuando a los panteones, en vez de muertos, arriben
“personas metabolicamente diferentes”.

Guía rápida para traducir los títulos de películas extranjeras (en especial las gringas)





Lo primero que se necesita es constatar el género de la película en cuestión, ya sea comedia, drama, terror, suspenso, etc. Una vez identificado, se procede a buscar en esta breve lista de patrones en los que sólo se adecuará el orden de las palabras. Por ejemplo:

Películas de Terror:
La (El) ____________ Maldita (o). Por ejemplo: "La casa maldita" "La Villa Maldita" "El Pergamino Maldito" etc.
La (El) ____________ del Diablo. Por ejemplo: "La Heredera del Diablo" "El Pacto del Diablo" "Los Hijos del Diablo"
Usar la palabra 'sangriento' (que si se piensa varias veces, da risa): "El Muro Sangriento" "Un Viaje Sangriento" "Memorias Sangrientas"

Películas de Comedia:
Un -oficio en cuestión- suelto en -lugar donde se desarrolla la película.
Las locas, locas aventuras de -protagonista del filme-
Y... ¿dónde está el (la) -oficio del protagonista-
Loca Academia de -oficio preponderante en el filme-
Adjetivo dramático seguido de un pero y rematado con algo 'chistoso' : "Muerto... pero de risa", "Loco, loco pero no tanto" (importante también revisar títulos originales previos para parodiarlos, como el caso más reciente que hace alusión a "Tonta, tonta pero no tanto")

Películas infantiles:
Añadir siempre que sea posible las palabras 'increíble' y 'aventura' : "Las increíbles aventuras de -protagonista-" "Bichos, una aventura en miniatura"

Esta guía se enriquecerá en breve, es temprano y se supone que esté trabajando. Se aceptan sugerencias para la segunda edición de esta guía.

miércoles, 27 de junio de 2007

Ganó México!! (a Brasil)


Ya sé, no estaba Ronaldinho, ni Kaká, ni Dida, pero ganarle a Brasil después de haber perdido la final de la Copa Oro con nuestros amados vecinos, ayuda mucho a levantar el ánimo de los millones de pamboleros que habitamos este país.

En honor a la verdad, Brasil merecía mínimo el empate, pero hay días en que por alguna extraña razón todos los jugadores salen inspirados. Gracias Memo Ochoa, te luciste como pocas veces y frente a delanteros letales, lástima que seas del América.


Ramón Morales nos tiene acostumbrados a esa calidad, Nery había dado muestras de talento, pero lo de hoy rozaba lo excelso. Castillo hizo la jugada que se esperaba tal vez de Robinho, mientras 'Ramoncito' nos recordaba aquel partido con Argentina.


En fin, no pretendo hacer una columna informativa ni una crónica, sólo quiero escribir que, a pesar de las ausencias (así es Osorio, Salcido y Pardo, nadie es indispensable) la Selección Mexicana ha dado el mejor partido desde que Hugo Sánchez tomó la batuta. Ojalá que no se duerman en sus laureles.

sábado, 23 de junio de 2007

“… Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres…”





No sé si eran nervios, pero la mano derecha me temblaba un poco mientras iba buscando un lugar llamado “Casa Vieja” en el carro de mi papá. Siempre he sufrido cuando tengo que transportarme por mi cuenta, porque nunca he sido muy bueno para ubicarme en el espacio, de hecho soy pésimo, así que miré de nuevo el papelito que indicaba la dirección de forma incompleta: "Rivero y Gutiérrez pasando Morelos".
Las calles del centro estaban como casi todos los días a la una treinta de la mañana: muertas y solas, como un guerrillero caído. Llegar al lugar fue más fácil de lo que pensé, así que estacioné el auto y entré.

Era un café bar pequeño con mesas apretadas y almas tibias, una pecera grande e iluminada le da un toque de modernismo que contrasta con el decorado rústico que predomina. Buscaba a Oscar Zárate, no se veía por ningún lado y no sabía a quién preguntar por él, así que me quedé expectante en la entrada viendo a la gente en sus mesas cantando a todo pulmón la canción “Ojalá” de Silvio Rodríguez, hasta que uno de ellos se levantó de su silla para recibirme -el dueño- pensé, me saludó cordialmente y me invitó a entrar:
-pásale maestro, bienvenido-
Le dije que estaba buscando a Oscar Zárate, y él trató de recordarlo rápido en la marisma de la embriaguez. Le gritó a uno de los meseros que dónde estaba Oscar, el mesero señaló un cuartito que estaba en el fondo.
-Ahí está, en aquel cuarto, pásale viejo, esta es tu casa- me dijo el ebrio anónimo que me recibió.

Pasé por entre las mesas asfixiadas procurando no molestar a los comensales, partiendo en dos el muro de humo de cigarro, espesado a fuego lento con el calor de las copas y al ritmo de una canción de José José interpretada por el trovador del escenario. Entré al pequeño cuarto junto a la cocina que desprendía un aroma a café caliente y limones cortados, Oscar estaba sentado junto con otros amigos suyos, incluyendo a su guitarra, y me saludó con la alegría y confianza de un amigo de años. Lo saludé con la todavía trémula mano derecha, fría y húmeda como la piel de un vaso cubero, pero en cierta forma aliviado de ver que contaba con él para llevar una casi improvisada serenata a la mujer ajena y antes propia que más he amado en la vida: Soledad.

No podía llegar a la casa de Soledad así como así, porque había una fiesta en honor de su cumpleaños y seguramente estaría su novio, así que llamé a su hermana Irene para conocer la situación. Irene me dijo entre la niebla del sueño recién interrumpido que aún se escuchaba mucho relajo, así que por lo visto pintaba para largo. Le dije a Oscar que regresaría por él a las dos de la mañana, él accedió:
-al cabo ya me dieron mi cafecito- dijo mostrándome una taza de capuchino.

Fui en el auto rumbo a casa de Soledad, con miedo de ser descubierto y con un chorrito de hiel helada bajándome por la tráquea, pasé cerca y vi gente saliendo de un auto enfilándose a casa de Soledad, aceleré para no ser visto, pero di vuelta de inmediato para regresar por el lado contrario. Apagué las luces antes de detenerme y me estacioné lentamente junto a un baldío desde donde podía ver de lejos la casa de Soledad. No había movimiento, salvo el de las ramas de los árboles bailando el vals del viento tranquilo, y la incertidumbre se me hizo un vacío en la panza donde cabían el miedo, la ansiedad y unas gotitas de tristeza.

La luna dejaba caer su cabellera de luz sobre la oscuridad de una noche de melancolías despiertas, miré mi reloj que marcaba quince minutos antes de las dos de la mañana. Encendí el auto y regresé a la “Casa Vieja” para recoger a Oscar, aunque con la corazonada de que la espera habría de ser muy larga antes de poder llegar a casa de Soledad, él con su guitarra y su voz y yo con el corazón en mil pedazos. Llegué en menos de diez minutos y encontré la puerta principal entrecerrada. Al entrar vi que la bohemia seguía viva, con la sangre caliente del alcohol fluyendo a cada latido de la guitarra. Me dirigí directamente al cuarto junto a la cocina y vi a Oscar guardando unas fotografías en una computadora arrinconada junto a la puerta. Llamé a Irene apenado por interrumpir su sueño, le pregunté cuál era la situación en ese momento, ella me contestó con una voz cansada y áspera pero femenina que todo estaba prácticamente igual. Colgué no sólo el teléfono, sino mi ánimo y mi esperanza. Oscar y yo partimos rumbo a la casa de Soledad, me preguntó qué era exactamente lo que íbamos a hacer, yo le expliqué en medio de mi confusión mi plan recién nacido, haciendo énfasis en que yo era, a diferencia de hace unos meses, un pretendiente clandestino, así que lo que estábamos por hacer era prácticamente un acto de guerrilla.

Dimos varias vueltas en el auto en torno a su casa, en un afán de ver cuántos carros quedaban y calcular el tiempo que habríamos de esperar. El cuadro era prácticamente el mismo, los autos inmóviles aguardaban bajo el silencioso paso de las estrellas. Nos estacionamos junto al mismo baldío, sumergidos en un río de sombras profundas y sin perder de vista la casa de Soledad, esperando el más mínimo movimiento de la puerta principal. Llamé de nuevo a Irene más apenado aún porque ya eran las dos treinta de la mañana, ella me contestó con la voz difícil de quien vive el instante soporífero entre el sueño y la vigilia. –Todo sigue casi igual- me dijo, -pero no puedo ir a ver, además no quiero despertar a mi mamá - yo entendí, porque además era muy difícil unir a mi causa a la hermana de mi víctima (así de mal me deben ver para estas fechas en esa casa).
Oscar reclinó el asiento del auto para dormitar un poco, decidí que esperaríamos hasta las tres de la mañana, así que le di un poco de respiración boca a boca a mi moribunda esperanza. Para salir del trance de la espera pesada como el destino, encendí el carro para dar otra vuelta con tal de pasar cerca de su casa y ver más claramente la situación, me arriesgué a pasar esta vez frente a su casa, con el miedo nervioso que no me había abandonado ni por minuto, en contraste con Oscar que me decía –oye está cómodo tu carrito, ¿no me lo cambias por mi cama?
La gente salía poco a poco de la casa de Soledad, las calles eran ríos de silencios fríos y lentos. Uno a uno los autos se alejaban, el carro del novio de Soledad era uno de los dos que quedaban. Hasta que salió alguien más a abordar el otro carro, lo encendió y se alejó dando giros inconstantes de ebriedad moderada.
Molesté por última vez a Irene aniquilando también segundo a segundo el resto del crédito de mi celular, me dijo que obviamente ya no se oía relajo, pero que sí se escuchaba gente aún, guardamos silencio un breve instante, yo por ver que mi idea se ahogaba en el remolino de las circunstancias, ella seguramente por dormir despierta, hasta que vulneró de nuevo el silencio:
-¿qué vas a hacer?- me preguntó
Vi evaporarse las últimas gotas de esperanza al mismo tiempo que le contestaba
-mejor lo olvidamos-

Ya eran las tres de la mañana, a Oscar lo único que le faltaba era roncar y mis párpados ya estaban pesados y mis ojos confusos. Todo el nerviosismo y todo el miedo se habían convertido ya en un mar profundo de resignación, pensé que ya no tenía caso esperar, era demasiado tarde en tanto aspectos, así que encendí el auto con la mano derecha ya sin temblor, empujé el acelerador con mi pie adormecido, sumergido en un halo de frío, y me fui con el manto pesado de la derrota cayendo en mi espalda y en las cuerdas afinadas de una guitarra sepultada en la cajuela.

No sé qué publicar


Para ser esta mi primer (o primera, no sé) publicación, debo admitir que sufro de un mal común en mí. Hace pocos días pasé algo parecido cuando tuve entre mis manos una cámara fotográfica Canon Eos Rebel 2000 análoga, cargada, con pilas nueva. Frente a mí tenía a una chica muy guapa llamada Julieta, estudiante de la carrera de filosofía, dispuestísima a posar. Por si todo eso fuera poco, estábamos en un estudio fotográfico bien equipado y había tiempo de sobra.
Sin embargo, había algo en mi contra, todo esto pasaba de repente, no lo había planeado. No era que me faltaran ideas, era que las tenía de sobra, habían estado ahí por mucho tiempo, dando vueltas en mi cabeza esperando a que mi cámara (sí, la Eos Rebel 2000 análoga) tuviera pilas y rollo.
Así que cuando tuve que empezar a tomar las fotografías, no supe cómo, ni qué ideas llevar a cabo, ni qué decirle a Julieta, por lo que al final le tomé unas fotos más (o menos) que regulares.

Ahora me pasa lo mismo con este blog, no sé qué escribir. Será mejor empezar a escudriñar el disco duro en busca de archivos de word que estén a la espera de ser publicados. Por lo pronto dejaré de aburrirlos (sino es que ya hasta cerraron la página).

P.D. La chica de la foto no es Julieta, sólo quería subir una imagen para ver cómo se ve.